Y es no aterrizar en la realidad. Saber (y aceptar) que me quiere por costumbre y no por convicción es más difícil que hacerle entender al mundo que para hacer funcionar las estrellas es necesario apretar el botón azul .
Mis dimensiones alternas me rodean. Nunca he sabido a ciencia cierta en qué realidad he despertado este día. Mis pensamientos y mis fantasías se confunden y a veces no sé lo que sucede.
(Siempre he sido la hidra del cuento).
A veces los medicamentos funcionan y devuelven la mente al cuerpo, como coserme la sombra al pie. No funciona por mucho, es su naturaleza escapar y encontrarse incazable.
Siempre hay una excusa y no soy jamás perfecta. Seré siempre el paso siguiente, el otro , el otro. Una estación, jamás la meta; un medio que tiene la ilusión de volverse un fin si se esfuerza lo suficiente.
Me avergüenzo de toda resignación y me avergüenzo de mí misma. Soy incapaz de enamorarle e incapaz de retirarme, es una guerra de la cual no saldré victoriosa ni con vida.
Confieso que la idea de la muerte me coquetea, me seduce en las altas horas de la noche cuando todo el mundo cree que duermo ( a veces yo misma pienso que sueño).
Me ha traicionado, me abandonó cuando más le necesite. Apelo a la necesidad del dolor que besarle causa y al maldito sentimiento de vitalidad que trae consigo perderme en sus pupilas, mientras mis víseras sangran, mientras él ignora mi infierno.
Creo que al final, mi problema es que soy una pobre soñadora, una amorosa de Sabines condenada a pasar la vida entera dando sin jamás recibir .
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